El sofá de mi casa y mi nuevo amigo Español.

Esta vez no contaré una de mis experiencias como Webcamer, contaré una historia fuera del Modelaje Webcam pero que seguro no hubiera sido posible sin este trabajo.

Hace un año, gracias al éxito que he tenido en mi profesión, decidí darme un tiempo fuera, viajando a España para pasar unas vacaciones de verano. Que sin saberlo entonces, serían las mejores de mi vida.

Llegué para finales de septiembre, justo por las fechas del Salón Erótico de Barcelona (SEB), un evento del cual había escuchado mucho en mi Studio y que por supuesto no podía perderme ahora que me encontraba allí.

No quería pasar mis días rodando sola, así que me decidí a encontrar a alguien que me enseñara la ciudad, y gracias a una página para citas, conseguí un chico amable que me abrieras las puertas de su casa.

Hablamos un par de veces antes de mi viaje por aquella red, y el día que nos vimos la atracción fue instantánea.

Los europeos nunca llamaron especialmente mi atención, así que aquello era una experiencia nueva para mí.

No quería involucrarme con él, más allá de una amistad, ya que ambos habíamos salido de relaciones un tanto decisivas no mucho tiempo atrás antes de conocernos, y yo quería disfrutar un tiempo de mi nuevo estado de “soltera”. Pero qué le vamos a hacer, él me resultaba increíblemente seductor, tan inteligente, tan coqueto, tan exquisitamente “exótico” como él mismo me describía.

Tuvimos un par de citas mientras estuve en Barcelona, buenos besos, muchas risas cómplices y  excitantes conversaciones de alcoba nos hicieron sentirnos más atraídos. Tanto así que antes de regresar a Colombia, le ofrecí alguna vez, ir a mi casa, y así lo hizo…

Un día mientras me encontraba terminando mi trabajo frente a la webcam, sonó mi teléfono y era él. Había viajado desde su casa a mi piso, sólo para verme, y por supuesto no pude negarme, me había tomado por sorpresa y cuando la sorpresa es demasiado grande, no queda espacio para las explicaciones.

Lo invité a pasar y nos sentamos en el pequeño sofá de mi sala. Un par de preguntas formales y antes de que me diera cuenta, estaba sobre mí, besándonos apasionadamente. Quería resistirme, porque no quería pasar la línea del coqueteo y la amistad, a algo sexual, pero mientras en mi cabeza me repetía que no, todo mi cuerpo se resistía a mi deseo de hacerme la fuerte.

Y es que como resistirme a esos ojos marrones algo verdosos, esa sonrisa pícara y esos labios carnosos; esa barba varonil y esas manos que me tomaban fuerte la cintura mientras jugueteaban un poco con mis curvas, intentado pasar del roce entre mi cintura y mis senos, a un agarrón bastante excitante de mi entre pierna y mi culo; “liarnos” como él decía, era lo único que realmente quería en ese momento, y por supuesto, terminé dejándome arrastrar por la tentación.

Empezó a desvestirnos, y digo desvestirnos porque yo estaba tan extasiada por todo aquello, que sólo podía reírme como tonta mientras él me quitaba la ropa y se deshacía de sus pantalones.

Comenzó a cogerme las tetas mientras pasaba de besarme la boca, a besarme el cuello y luego el pecho, mientras desabrochaba mi camisa. Muy rápidamente me tomó de la cintura y con fuerza me llevó hacia su cuerpo, poniendo mis nalgas bien cerca de su miembro.

A ese punto yo ya había abandonado la idea de resistirme y estaba completamente entregada a la situación.

Comenzamos a juguetear con la idea de hacernos un  buen oral antes de un buen coito, pero nos emocionaba más todo el jugueteo previo.

Sus dedos se deslizaban ágiles en mi entrepierna y mis manos le sujetaban su pene tan fuerte y rápido como él me lo pedía.

No sé si ya antes había probado a hacerse una “rusa” con unas buenas tetas, pero yo sin duda disfrute de esa primera vez. Verle sobre mí excitado, diciendo “joder” cada vez que intentaba no venirse sobre mí, me pareció algo que quisiera hacer al menos un par de veces más.
Lo dejé que jugara un poco con aquella fantasía y después de un rato por fin pude hacer lo que tanto me apetecía desde que había comenzado a besarme en el sofá.

Me abalancé sobre él y le tome muy fuerte su miembro mientras le basaba el cuello y jugaba a mordisquearle un poco los labios y los oídos. Sabía que iba bien, mientras tuviera a su amigo duro entre mi mano.

Comencé a bajar lentamente de su cuello a su pecho y abdomen, hasta llegar a ése punto de no retorno, en el que ambos sabíamos perfectamente lo que ocurriría a continuación.

Sin dudarlo por un segundo me tomó del cabello para hacerme saber que aprobaba, sin duda alguna, aquella mamada.

Yo me la metía en la boca, dejando a un lado mi virtud de buena niña, y justo en ese momento me convertía en la mejor ramera de toda España.

Y “joder tío”, que me la metí hasta el fondo mientras lo escuchaba decirme “cariño” estás muy “buena”. Y ya que habíamos perdido todo escrúpulo, después de un par de minutos decidí que quería que se viniera en mi boca.

 

Saborearlo todo y dejar que callera por mi cuello.

Se incorporó y me acarició por unos minutos, tiernamente, como si aquello fuera amor y no sexo. Pero la verdad es que sólo se estaba preparando para una segunda ronda.

Después de una bonito pre y post coito, seguimos por supuesto con más coito…

Comenzó a tocarme las nalgas, luego fue a mi pecho y de mi pecho mientras me besaba comenzó a meter sus dedos en mi boca de una forma fálica que casi parecía provocarle un orgasmo y por supuesto yo estaba que no me lo creía.

Me tomó de las caderas y me dio vuelta, y lentamente comenzó a meterme su miembro jugando un poco a pasar de mi vagina a mi ano. Lo cual me volvía loca ya que la idea de tener mi primer anal, me seducía, pero no podía entregarlo todo a la primera.

Me cogía tierno, amable para después tener arranques de pasión tan desenfrenados que parecía haber perdido del todo la razón. Lo que más me seducía era que me tomara fuerte del cabello mientras me sometía a su deseo, mientras yo intentaba evitar con mis gemidos,  hacer parte de nuestra aventura a mis vecinos.

No pude evitarlo y acabé viniéndome mientras él me agarraba las tetas y me la metía lentamente. Por supuesto él no tardó en darse cuenta, y satisfecho me besó tiernamente mientras me ponía al lado suyo, para correrse mientras me abrazaba tumbada a su lado. Y hay que tener muchas ganas para no sentir la incomodidad de un sofá tan pequeño, pero que nos pareció perfecto para los propósitos desenfrenados de aquella noche.

Debo decir que fue una experiencia bastante motivadora para una segunda ronda, que repetiríamos al día siguiente en su auto, pero ésta es una historia que contaré en otra confesión…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *