Brasil en mi cama por una noche

Siempre me he considerado una chica aventurera. Me emociona aceptar retos y superarlos. Soy desinhibida y por supuesto, el qué dirán no hace parte de mis pocas preocupaciones.

Hace un año, como parte de las experiencias que quería vivir, comencé estudiar portugués y a ahorrar dinero para hacer un viaje a Brasil. Como llevaba un tiempo trabajando para el Studio de Modelaje Webcam, le pedí a mi jefe un permiso para poder trabajar durante una semana como modelo Satelital e irme sin preocupaciones laborales o económicas; una de las tantas ventajas de mi trabajo es que puedes permitirte manejar no sólo lo que ganas, si no el tiempo y el lugar desde donde lo haces.

Así, con todo listo, salí con rumbo a Brasil una tarde de enero. Tenía un buen hostal reservado, un itinerario de viaje para saber a qué sitios ir y dónde comer, y por supuesto, todas las ganas del mundo de vivir la experiencia.

Los primeros dos días, fueron largos pero disfruté en Rio de Janeiro, conociendo el Cristo Redentor, Santa Teresa, Ipanema e Isla Grande. Y fue en la tercera noche, mientras esperaba para poder entrar a una discoteca del San Pablo, D-Edge, que escuché la voz de un chico que me preguntaba mi nombre “Eu sou Fernando, ¿Como você se chama??“. Giré rápidamente y me encontré con un hombre joven, alto de cabello y ojos oscuros, penetrantes, una hermosa barba que contrastaba con su mirada pícara; brazos fuertes adornado por una gran cantidad de tatuajes a color que me parecían una obra de arte, una sonrisa de revista y un perfume que me hacían querer quitarle la ropa.  Creo que lo desvestí de tal manera con mis ojos, que él se dio cuenta y sonrío mientras me repetía la pregunta. En un pobre intento de disimular, tartamudeé mi nombre y un torpe “¿Cómo estás?”. Él sin dudarlo me invitó a acompañarle ésa noche y yo, por supuesto acepté.

 

February 11, 2013. AFP PHOTO/ANTONIO SCORZA

Entramos y aunque no hablamos mucho en toda la noche, no nos hizo falta, pues nos entendíamos muy bien bailando, y entre bosanova, algo de lambada, samba y alguna cumbia que el DJ ponía, ambos sabíamos cómo tenía que acabar ésa noche. Salimos poco más de las 4 am y sin decir nada, tomamos un taxi dirección a su casa. Una vez allí me enseñó el cuarto de baño y me entregó una toalla y una camisa suya para que “me pusiera cómoda” lo que me resultó tierno  a su vez bastante retador. Me di una ducha corta y salí sin nada más que su camisa.

Él se encontraba en su cuarto fumando un cigarrillo en el balcón, con nada más que una pantaloneta algo traslúcida que me permitía fácilmente imaginarle su miembro. Entré agradeciéndole su amabilidad a lo que él respondió acercándose a mí y dándome un beso largo.

Olía delicioso, también se había dado una ducha y sus labios me parecieron la gloria. Así que decidida a continuar la aventura, puse mis brazos sobre su cuello y volví a besarle, mientras él ponía los suyos alrededor de mi cintura. Comencé a empujarlo hacia el borde de su cama, hasta que finalmente se dejó caer sobre ésta, conmigo encima. Puse mis piernas alrededor de su cuerpo y me senté sobre su cintura, una jugada perfecta no sólo para sentirnos, también para darle una buena vista mientras me quitaba la camisa y me deleitaba con su innegable excitación. Inmediato sentí sus manos agarrarme las nalgas y subir por mis caderas hasta mi pecho. Puse mis manos sobre las suyas para que supiera que me encantaba tener sus manos agarrándome las tetas. Me acerqué para besarlo mientras le daba espacio para que ágil se quitara su pantaloneta. Una vez sin ropa, él se apresuró a ponerme sobre la cama y bajar para hacerme un buen oral, que por supuesto yo compensaría devolviéndole el gesto. Sentía como su lengua rosaba mi clítoris y jugueteaba con él mientras se aventuraba a entrar y salir rápido de mi vagina. Me besaba y luego se concentró en hacer pequeños círculos mientras lentamente iba introduciendo, primero un dedo  luego otro. Yo comencé a tocarme las tetas mientras imaginaba la escena desde un mejor ángulo y le pedía que lo hiciera más rápido y más profundo.

En menos de 5 minutos hiso de que corriera, y mientras yo gritaba de placer, él se incorporaba sonriendo, vencedor, listo para continuar con la faena. Pasó sus manos por mis muslos, subiendo poco a poco hasta llegar a mi rostro. Lo besé, aún extasiada, mientras él con cuidado tomaba un condón que había dejado estratégicamente sobre la cómoda. Yo lo miraba con ganas de más, él, erecto, comenzó a ponerse el preservativo. Luego tomó su pene y comenzó a juguetear con él, poniéndolo entre mis piernas, fantaseando con la idea de penetrarme, “tocar seu”, me dijo, y yo comencé a tocarme los senos y luego bajé una de mis manos, y mientras me tocaba el comenzó a meter lentamente su miembro, tomó mis piernas y se las puso sobre sus hombros, a la vez que me miraba sonriendo, hizo una pausa y comenzó a entrar y salir cada vez con más fuerza. Puse mis manos sobre la cabecera para intentar hacer resistencia a los golpes de sus caderas en mis nalgas, y mientras lo sentía entrar no podía evitar entre gemidos y un portugués bastante ahogado, pedirle que no parara hasta venirse dentro. Pero no lo hizo, me dio vuelta, separó mis piernas y me acercó a su cuerpo, me tomó del pelo y volvió a entrar con fuerza; se había transformado en una bestia y eso me encantaba. Yo gritaba cada vez más duro que lo hiciera más fuerte a lo que el respondía halándome el pelo, nalgueándome y por supuesto, entrando con más fuerza. Volví a correrme y súbitamente me dio la vuelta, puso su miembro frente a mi rostro y sacándose el condón, dejó caer toda su leche sobre mi pecho y boca, Y yo lo miré mientras la saboreaba, y él sonreía.

Nos levantamos y nos dirigimos al baño. Yo me di una ducha mientras él se limpiaba en el lavamanos.
Volvimos al cuarto, nos pusimos nuestros casuales pijamas y nos acurrucamos, como si fuera una costumbre de mucho tiempo nos dormimos abrazados. Me desperté un par de horas después. Me organicé para irme a mi hotel. Él se levantó para abrirme la puerta y nos despedimos con un apasionado pero tierno beso, todavía sin decir nada.

Y fue así, como a mitad de mi viaje y sin planearlo, viví una aventura, llevándome a «Brasil», por una noche a mi cama.

Mi viaje continuó sin más encuentros, pero al regresar tenía más que una historia de turista que contar.

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