Una noche en las escaleras de mi casa.

Siempre he sido una apasionada del sexo. Desde que comencé mis experiencias sexuales me he considerado atrevida, osada, activa. El Modelaje Webcam sólo me permitió ser aún más pervertida y descubrir nuevos jueguitos sexuales para disfrutar.

Una de las experiencias que más recuerdo es la de permitirme conocer en persona a uno de mis usuarios.

Él siempre fue muy caballeroso, pero a la vez era todo un reto en lo sexual. Los privados me exigían desde lo físico hasta lo emocional; cada ocurrencia que él tenía me llevaba siempre un nivel más allá. Por supuesto yo ganaba doble, ya que adquiría experiencia y recibía buenos tokens.

Después de una relación de casi un año como usuario y webcamer, comencé a desarrollar esta fuerte necesidad de conocerlo, de poder hacer en persona todo aquello que no podíamos sentir a través de la cámara. Y es que no sólo tenía una buena personalidad y una buena apariencia, además estaba muy bien dotado.

Un día sin pensarlo, ni darle tanto rodeo, me decidí a proponérselo, un poco a modo de broma aunque en el fondo era una propuesta bastante seria. Para mi sorpresa, después de un momento de silencio, él acepto. ¡Qué sorpresa! Estaba dispuesto a atravesar un continente por verme y pagar el tip más caro de todos. ¡Sólo por vivir la experiencia de conocerme!. Yo me sentí halagadísima y por supuesto emocionada. No había tenido en mucho tiempo más que novios y sexo virtual. ¡Ya era hora de volver a sentir algo que no fuera de plástico entre las piernas!

Viajó para las vacaciones de Agosto. Yo me encargué de conseguirle un buen lugar donde quedarse, un bonito Hostal en la zona central y turística de San Antonio; económico, cómodo y por supuesto, muy cerca a mi apartamento; ya que en ese momento compartía piso con una compañera del Studio y no quería que nadie comentara mi pequeña aventura.

El primer día me encargué de recibirlo en el aeropuerto, enseñarle las calles y darle todas las indicaciones que pudiera para que él no tuviera que pedir tantas explicaciones. Fue algo muy cortés y rápido ya que él llegaba en la noche después de un vuelo de 12 horas.

Por mi parte, había organizado mis turnos en la mañana para poder tener el resto del día disponible para conocerlo y por supuesto, ¡tener mucho sexo en las noches!.

No podía perderme ningún momento, ya que él sólo podía permitirse pasar 4 días en el país, para luego regresar a su vida.

El segundo día por supuesto le enseñé la ciudad, el tour completo; San Antonio, , la estatua de Sebastián de Belalcazar, El Zoológico, El Centro histórico con sus museos y el teatro, Granada, La zona rosa del sur, La Topa Tolondra y Kiss me. Algo tradicional, ya saben (jajaja).

El tercer día fuimos por algo más de aventura; El Cerro de las Tres Cruces, Pance y El arca de Noé. Sexo en la piscina, algo de «sado» y un poco de show “nasty”.

Pero fue el último día, el que viví la experiencia que más me gustó, y no porque las otras no fueran interesantes, sino porque fue algo único e irrepetible. Salimos a rumbear a la zona de la 66, y después de muchos shots y un par de botellitas de ron, estábamos listos para irnos a casa y terminar la noche como se debía, ¡con mucho sexo!.


Pedimos un Uber, y ya en el coche, comenzamos a calentar motores. Él empezó por besarme apasionadamente, a lo que yo respondí no sólo devolviéndole el beso, sino tomándole fuerte su entrepierna, él se emocionó y comenzó a besarme el cuello y los pechos, yo no pude resistirme y con mi mano, metí la suya debajo de mi vestido. A ese punto estábamos tan “arrechos” y “prendidos” que decidimos bajarnos en mi apartamento, ya que quedaba más cerca que su hostal y el motel en la Avenida 5ta, y por supuesto, aprovechando que mi compañera aquella noche estaba de turno nocturno (¡una suerte!).

Pagamos de más por el servicio y entramos agarrándonos todo al edificio. Al ser un piso antiguo, no teníamos ascensor y en mitad de las escaleras, las ganas nos pudieron. Él me alzó el vestido y me arrancó sin dudarlo, la tanga que había comprado para impresionarlo aquella noche, yo le bajé el pantalón tan rápido como si de una emergencia se tratara, y lo era, porque estaba tan caliente y lubricada, que casi me dolían esas ganas de que me penetrara.

Él me tomo y me puso en cuatro en las escaleras, yo recordé el GIGI™ 2 que siempre cargo en mi bolso, y antes de que él me atara las manos con su cinturón, saqué de mi bolso a mi amigo y le pedí que me lo metiera en el culo. Sin dudarlo, primero lo introdujo una par de veces en mi coño, para lubricarlo, y luego comenzó a juguetear con mi ano y mi pequeño amigo vibrante, mientras me penetraba despacio con su gruesa y larga verga.

Estábamos excitadísimos sobre todo porque desde allí podíamos escuchar la pequeña fiesta que tenían los vecinos de la puerta justo enfrente de nosotros. Él no pudo resistirlo y comenzó a darme nalgadas y halarme el cabello con la mano que tenía disponible, Yo estaba que me venía, la sensación de una doble penetración era algo que me tenía extasiada. Pero justo cuando estaba por llegar a la cima, él me volteó, bajo la parte de arriba de mi vestido hasta la mi cintura, corrió las copas de mi brasier y comenzó a chuparme las tetas, mientras me acariciaba con su pene el clítoris, yo enloquecía, porque no quería otra cosa que no fuera sentirlo entrar y salir; él sabía sin duda alguna, como hacerse desear. Yo le tocaba el pecho e intentaba cogerle la verga, intentando metérmela toda, pero él apenas empezaba.

A mí me dolía el cuerpo de estar entre escalones, pero disfrutaba estar tan tremendamente sometida. Me bajó, y con toda elegancia me sampó un par de buenos “besos negros” mientras me masturbaba con el vibrador rosa, yo con mis manos atadas no podía hacer más de agarrarle la mano para hacerle saber que no quería que parara.

Me sentó y me metió su verga mojada en la boca, le di la mejor mamada de mi vida y creo que ese fue su punto de no retorno porque después de un par de minutos, volvió a ponerme de espaldas y me tiró duro del cabello mientras me penetraba con toda sus fuerzas, y se alternaba para darme nalgadas y garrarme las tetas. Pude sentir como el condón se llenada de toda su leche al tiempo que yo tenía el mejor orgasmo de mi vida.

Me tomó por la cintura, y pasó de ser la bestia sexual que había sido, a ser todo un caballero y ayudarme a poner mi vestido y revisar que todo el daño causado por nuestra cama se cemento no fuera mayor que el placer que me había dado. Una vez estuvimos vestidos, volvió a besarme y me acompañó a mi apartamento y se despidió.

El partía al día siguiente en la mañana, así que esa fue la última vez que lo vi. Pero esas escaleras para mí, no volvieron a ser las mismas, y mi experiencia de sexo en un sitio público, sin duda fue inolvidable.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *